Detalles del libro

El anarquista indómito

20,00

Cuando la compasión humana supera las ideologías políticas, aun a riesgo de la propia vida

ISBN: 9788415570660 Categorías: ,

El anarquista “el ángel rojo” salvó miles de vidas de opositores políticos durante la Guerra Civil española

Por primera vez una novela se adentra en la vida de Melchor Rodríguez (1893-1972), quien fuera conocido como “el ángel rojo” por haber salvado miles de vidas de opositores políticos durante la Guerra Civil española.

Como Director General de Prisiones, Melchor Rodríguez se opuso, a riesgo de perder su vida, a los asesinatos de presos políticos que tanto Santiago Carrillo como José Cazorla, ambos del PCE, toleraron con el fin de exterminar a la llamada “quinta columna”.

Miles de personas se salvaron de los fusilamientos en Paracuellos del Jarama y en el cementerio de Aravaca gracias a la valentía de “el ángel rojo”.

Personalidades como Raimundo Fernández Cuesta, Agustín Muñoz Grandes, Bobby Deglané, Ramón Serrano Súñer o Rafael Sánchez Mazas así lo testificaron tras terminar la contienda.

Más información

El anarquista que se enfrentó a Carrillo para salvar la vida de miles de opositores políticos

El escritor José Luis Olaizola, Premio Planeta, novela la apasionante historia de Melchor Rodríguez en “El anarquista indómito. La leyenda del ángel rojo” (LibrosLibres)

 Madrid, 23 de marzo de 2017.- Al anarquista Melchor Rodríguez (1893-1972) se le conoce con el apodo de “el ángel rojo” por haber salvado la vida de miles de opositores políticos durante la Guerra Civil española. Como Director General de Prisiones, Melchor Rodríguez se opuso, a riesgo de perder su vida, a los asesinatos de presos políticos que tanto Santiago Carrillo como José Cazorla, ambos del PCE, procuraban con el fin de exterminar a la llamada “la quinta columna”.

El ángel rojo salvó a periodistas, escritores, religiosos, militares, políticos…

Miles de personas se salvaron de los fusilamientos nocturnos en Paracuellos del Jarama y en el cementerio de Aravaca gracias a la valentía de “el ángel rojo”. Personalidades como Joaquín Álvarez Quintero, Javier Martín Artajo, Raimundo Fernández Cuesta, General Muñoz Grandes, General Carrasco Verde, Bobby Deglané, Ramón Serrano Súñer o Rafael Sánchez Mazas, entre otros, así lo testificaron tras terminar la contienda.

Al frente de una cheka del Palacio  de Viana… pero para crear un refugio

En el Madrid de 1936, con el pretexto de combatir a la llamada “quinta columna”, todos aquellas personas que eran consideradas “contrarrevolucionarias”, “adictas al alzamiento”, “católicas” o de “derechas”, tenían muchas papeletas para ingresar en las “chekas”, que eran prisiones concebidas por los soviéticos, y estaban dispersas por varios edificios de la ciudad. Era una certeza que quién entraba en uno de estos “centros de retención”, no solía salir con vida…

Melchor Rodríguez, consciente de las tropelías que se estaban cometiendo, creó su propia “cheka”, pero para salvar a amigos suyos de una muerte casi segura. A su cheka la llamo “Museo del Pueblo”, y de esta forma maquilló lo que era un centro de refugiados. Los primeros inquilinos del edificio del Palacio de Viana fueron los hermanos Álvarez Quinteros, conocidos dramaturgos, el padre Gafo, religioso dominico, y el exministro republicano del Gobierno de Lerroux, Rafael Salazar Alonso.

La Pasionaria le pide a Melchor que dé refugio en su cheka a seis monjas

El “refugio” del Palacio de Viana fue siendo conocido en el Madrid rojo. Y la Pasionaria, todopoderosa en el Partido Comunista Español, sabiendo el objetivo de esa particular cheka, pidió a Melchor un curioso favor: refugiar a seis monjas de la caridad, algunas de ellas de Bilbao. A cambio, la Pasionario proporcionaría alimentos frescos a diario. Melchor Rodríguez acepto y las monjas permanecieron unos cuantos meses hasta que logró colocarlas en la legación de Honduras.

Misa diaria y una boda en la cheka de Viana

Con un sacerdote y seis monjas en la cheka, todos los días, a las 10, se celebraba la Eucaristía a la que se unía una buena parte de los refugiados, y con el tiempo, ante el reclamo de unos novios, miembros de la Falange, también se celebró una boda, en la que se incluyó una sugerente luna de miel… pero sin salir de las dependencias del Palacio.

Melchor Rodríguez, alcalde de Madrid, entrega la ciudad a los nacionales

El “ángel rojo” fue nombrado Alcalde “en funciones” de Madrid en marzo de 1939, por el general Miaja, presidente del Consejo Nacional de Defensa de la República. A partir de ahí comienza un suplicio para Melchor, en prisión y condenado a muerte, que se conmutó gracias al testimonio de cientos de personas que fueron salvadas por la decisión y valentía del anarquista sevillano.

En 1945, el General Muñoz Grandes logra sacarle de prisión gracias a una argucia jurídica

Melchor Rodríguez había salvado la vida a Muñoz Grandes y, éste, como Capitán General de la I Región Militar, a la que pertenecía el penal de El Puerto de Santa María, puso en libertad a Rodríguez valiéndose de una argucia jurídico-militar.

Martín Artajo le abre las puertas del diario Ya y de la revista Dígame

Durante varios años Melchor Rodríguez estuvo escribiendo, con seudónimo, en el diario propiedad de la Asociación Católica de Propagandistas, y en una de las revistas de la Editorial Católica (EDICA), procurando unos ingresos que completaba como agente de seguros de la aseguradora Adriática.

Su funeral: un Padrenuestro y el canto anarquista “A las barricadas”

Poco antes de morir, Melchor Rodríguez, que se había declarado toda su vida como agnóstico, quiso ser enterrado en sagrado, en el sacramental de San Justo. Al sepelio asistieron cientos de personas de los dos bandos: rojos y nacionales. Fue enterrado con la bandera anarquista, y tras el rezo de un responso por parte del sacerdote, que fue escuchado con respetuoso silencio, se cerró el acto con el canto del himno revolucionario “A las barricadas”, que fue también escuchado con respeto. Así fue enterrado el llamado “ángel rojo”.

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